|
RECENSIONES
LIBERO
Viernes el 12 de julio de 2002
|
|
El descubrimiento en notas de Michelangelo
Historia de Stregapede, el virtuoso del Brenta que ama Bach y Piazzolla
A los treinta años el pianista se repropone en un concierto que sorprende el público
de Roberto Mori
VENECIA - Notoriamente la ribera del Brenta es uno de los paraísos de Italia. Antaño los nobles venecianos transcurríban allí sus vacaciones en villas sontuosas. En este ambiente, donde naturaleza y arte concurren a dar un gusto instintivo de bellezza y armonia, ha nacido y crecido Michelangelo Stregapede, talento emergente pianístico italiano.
La ocasión de un concierto ocurrido en “ribera” - una prueba general por el primero concierto oficial - permite de reconocer el perfil de un intérprete poliédrico. Superados los treinta años Stregapede se presenta como músico ya maduro, con un curriculum excelente: inicios como niño prodigio (debuta en concierto a los 9 años), estudios serios con maestros como Gorini y Bagnoli, perfeccionamento con personalidades prestigiosas (Ciccolini, Weissenberg), afirmaciones nacionales y internacionales.
Stregapede sorprende, agradablemente. Él es un instrumentista completo, por la técnica de alto nivel y por la personalidad interpretativa capaz de afrontar las partituras más problemáticas. Stregapede no teme de exponerse en el gusto y en el expresionismo con un repertorio que espacia de Bach a Piazzolla. Entre estos dos polos, aparecen todos los puntos fijos de la grande literatura pianística: de Mozart a Beethoven a Chopin, de Schubert a Schumann a Brahms. Sin duda él es un virtuoso a quien ninguna dificultad técnica parece poner obstáculos. No a voleo entre sus intereses hay el virtuosismo trascendental de Liszt.
La sintonía es evidente en el toque granítico, en la capacidad del teclado de hacer manar sonidos intensos y amplios de manera “sinfónica”, pero también en el encanto sonoro adecuado a la alquimia de Liszt. Stregapede toca con arranques hiperbólicos y expansiones fónicas monumentales.
Y sin embargo su arte no es nunca exterior o ostensible: tiene una lógica que deriva del sentido plástico de la forma. Él puede ser también lírico, meditativo, atento a la análisis y a los reflejos interiores de la página. Por ejemplo, él es un intérprete sensible de Chopin por la capacidad de incisividad con flexibilidad, de dosificar los fraseos sin sentimentalismos frívolos. Entonces el sonido se hace terso, difuminado, atento a los particulares. Bien tocando la alma heroica de la polonesa op. 53, bien las contemplaciones de la Berceuse op. 57, su Chopin es simple, riguroso: parece nacer de una síntesis moderna entre escuela clásica y racionalismo contemporáneo.
Su técnica y sus capacidades analíticas son adecuadas al repertorio del '900. Stregapede puede así tocar Rachmaninoff (de quien pronto ejecutará el difícil concierto n. 3) con la desenvoltura del virtuoso, con la problematicidad del intérprete que se pregunta de continuo y actua un proyecto musicale determinado.
Ésta es una característica que distingue las raras personalidades interpretativas verdaderas en circulación de los diletantes.
|