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PRESENTACIÓN
Michelangelo
Stregapede pianista
presentazione
de Eugenio Mottica
Recuerdo de haber escuchado Michelangelo Stregapede por la primera vez hacia el fin de los años 70. Él era poco más que un niño y su complexión recia, a pesar de la tierna edad, ya se imponía con fuerza a los presentes, unida a una extraordinaria vitalidad y a una movilidad extrema de la mirada que desde entonces hacían de él una persona muy particular. En aquella ocasión pensaba de tener que escuchar una ejecución diligente de una sonatina de Clementi o de Mozart y en cambio Michelangelo ha empezado enseguida con la “Patetica” de Beethoven, seguida por las Improvisaciones de Schubert!
Todo esto con una musicalidad y una siguridad ejecituva que me impresionaron profundamente. Incrédulo lo rogé que volvese tocar todo otra vez. Me di cuenta claramente, sin sombra de duda, de haber delante de mí un talento extraordinario. Luego he podido escuchar nuevamente Michelangelo en diferentes ocasiones y seguir en el tiempo el camino de su maduración artística y de su evolución técnica. Sus ejecuciones representan para los oyentes un descubrimiento revelador de sonoridades impensables y de valores musicales nuevos. El problema técnico-mecánico de la articulación y independencia de los dedos, es superado perfectamente por Michelangelo porque él posee una extensión extraordinaria de los dedos y una increíble robustez de las manos.
Ésto le permite de obtener con extrema facilidad el auténtico “Jeu perle” de los Franceses, indispensable en las ejecuciones de Chopin; el toque seco y clavicembalístico en Bach y Scarlatti; la ligereza y la agilidad cristalina en Ravel y Debussy; la fuerza y la potencia en el virtuosismo absoluto de Liszt, además de la suavidad mágica necesaria para el concierto en si bemol menor de Tchaikowskj. Ahora quiero contar un episodio muy particular de la experiencia artística de Michelangelo. Me refero a un concierto suyo en el Instituto de Cultura Rumano de Venezia, donde él realizó un auténtico milagro. Tengo que exponer antes de haber tocado algunas veces el piano vertical blanco que hay en aquella sala y tengo que decir que es un instrumento muy modesto, insuficiente ya por mecánica ya por sonoridad.
Cuando llegué al Instituto Rumano para el concierto, extrañamente no vi el Steinway de cola que generalmente se rentaba para los conciertos pianísticos, en el centro de la sala había solamente el piano vertical blanco y nada más. Pregunté informaciones a propósito y me fue confirmado que el concierto se haría con aquel instrumento. Este diletantismo me pareció matador, absolutamente inviable para el programa que Michelangelo tenía que ejecutar y temí un seguro desastre. Pues bien, aún hoy no sé cómo ha podido ocurrir algo de este tipo: Michelangelo creó enseguida un contacto secreto con aquel piano y fue capaz de extraer sonoridades muy agradables también de aquel pequeño instrumento, asombrando el público presente. Michelangelo afronta el problema del repertorio y lo supera facilmente, puesto que es dotado de una extraordinaria memoria musical que le permite poseer siempre una cantidad de composiciones impresionante. Ésta lo pone en condición de abarcar con soltura de los Clásicos, a los Modernos, a los Contemporáneos, prácticamente toda la historia de la Literatura Pianística, demostrando un hábil conocimiento de la diferencia de los estilos y un cuidadoso y incesante control de la Dinámica, del Fraseo, y de las varias indicaciones expresivas marcadas en la partitura. Así se ocurre que el gesto técnico-expresivo de Michelangelo se mueva solo en el respeto de la voluntad y del pensamiento armónico del compositor que tiene que interpretar a su vez. Ésto hace de manera que, cada concierto de Michelangelo, represente un evento único y irrepetible donde se puede escuchar y veer su grande generosidad ejecutiva transfigurada en auténtica arte en devenir.
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